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¿Puede afectar la medicación a mi sexualidad?

A lo largo de la vida podemos pasar por procesos médicos y/o psicológicos que requieren de ciertas medicaciones durante un periodo corto, medio o largo de tiempo las cuales pueden, en ocasiones, afectar a nuestra respuesta sexual o la de nuestra pareja. 

Antes de nada nos gustaría dejar claro que este artículo pretende hablar de forma general de la medicación y su influencia en la sexualidad y de algunas consecuencias que a veces podemos observar en nuestra erótica. Para nada este artículo pretende ser un prospecto de medicaciones ni de efectos secundarios. Es importante tener presente que en ciencias médicas y en sexología cada persona, cada paciente, cada enfermedad y cada pareja es muy diferente y por ello es importante, en caso de dudas o dificultades acudir siempre al profesional de referencia para que nos ayude. 

Dicho esto, nos gustaría empezar por aclarar un concepto que ha salido anteriormente y saldrá durante este artículo y es el de Respuesta Sexual. Para no aburrir mucho al lector y hacer estas líneas más amenas, ya que antes nos hemos puesto un poco serios, no nos enrollaremos mucho y únicamente diremos que la respuesta sexual hace referencia a todo ese proceso de “respuestas” (valga la redundancia) que se desencadena en nuestro cuerpo, y no sólo en los genitales, ante un estímulo erótico. 
Puesto que no es el objetivo de este artículo, no profundizaremos más en la respuesta sexual y os animamos a que si queréis leer más al respecto, echéis un vistazo al artículo "Todo un placer. La respuesta Sexual Humana" (Saéz y Frago, 2016).


Prosigamos con nuestros medicamentos. Como todos los que estáis leyendo estas líneas sabéis, existen multitud de medicamentos que en algún momento pueden interferir en nuestra respuesta sexual. Esto es, que pueden interferir en la función de nuestros genitales (dificultad de erección, sequedad vaginal, dificultad para el orgasmo, etc) o en las ganas o motivación que tengamos por llevar a cabo conductas eróticas, o sea, en el deseo erótico. Medicamentos como los ansiolíticos, los antidepresivos, los antiestrógenos, utilizados en ocasiones en casos de cáncer de mama, o los fármacos cardiovasculares son algunos de los más frecuentes.

Sin entrar a especificar tipos de medicamentos y enfermedades, eso se lo dejamos a los expertos en medicina, desde la sexología podemos abordar, y recordemos que en este artículo lo hacemos de forma muy genérica, cómo podemos hacer frente a esas dificultades que se nos presenten ante la llegada de un medicamento. 
Es posible, como ya hemos comentado, que frente a la ingesta de ciertos tipos de medicación podamos notar que nuestros genitales ya no responden como queremos; no tenemos las mismas erecciones, no sentimos el control eyaculatorio de antes, sentimos sequedad vaginal y nos duele tener relaciones coitales o siento que no me apetece como antes mantener encuentros eróticos, por poner algunos ejemplos. 
Es importante apuntar que esto que acabamos de especificar le puede pasar a cualquier persona tome o no medicación y siempre habrá que ver el origen de la dificultad y la historia sexual (y sexuada) del hombre o la mujer. 

Generalmente es muy fácil hablar de relaciones sexuales, o mejor dicho de relaciones eróticas, y pensar en coito y todos sus ingredientes; unos preliminares, un coito con su penetración y sus minutos requeridos y un orgasmo. Sin entrar en este artículo a analizar este modelo de relaciones eróticas [ *Ver artículo : El coito y sus ingredientes… ampliando el modelo erótico”] sí podemos decir que aunque es el modelo más extendido y está fenomenal para todos aquellos /as que quieran llevarlo a cabo, no podemos olvidar que se centra mucho en la genitalidad y si en algún momento nuestros genitales nos “fallan”, este modelo nos puede generar cierto malestar.

Como dice el refrán “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde” y eso mismo nos suele pasar con nuestra erótica y genitales. Cuando, por diferentes motivos, llegamos a una situación en la que nuestra erótica se ve afectada porque nuestros genitales, o en el caso del deseo erótico nuestra ganas y motivación, se ven comprometidos no nos damos cuenta de que quizá estamos estrechando mucho nuestro modelo de erótica y es posible que debamos ampliarlo. 
Si todo lo que tiene que ver con nuestra erótica se lleva a cabo y se disfruta únicamente con los genitales como protagonistas, el día que esos genitales no respondan como queremos, toda nuestra sexualidad se verá comprometida. 
Para que esto no suceda, debemos ampliar nuestro modelo. 

El modelo del que solemos partir y el más extendido es, como hemos comentado, aquel que tiene el coito y los genitales como únicos protagonistas. Quizá si empezamos a darle a todo el cuerpo el protagonismo que se merece, podamos empezar a disfrutar de hacer otras cosas y con otros objetivos que no sean, únicamente, la penetración y el orgasmo. 

Una de las fases más importantes en el proceso de una enfermedad es la aceptación de la nueva situación. Aunque sabemos que este es un paso complejo que puede llevarnos tiempo, será fundamental entender y aceptar qué nos pasa y qué le pasa a nuestra pareja en caso de tenerla, y cuáles pueden ser algunas consecuencias o cambios para poder hacerles frente. 
Por otro lado, hablar con el especialista y comentarle aquellas cosas que nos suceden en relación a la erótica con la finalidad de que el profesional pueda valorar modificar o cambiar la medicación o la dosis en caso de que sea posible,  a veces también es una opción viable. 


¿Puede entonces afectar la medicación a mi sexualidad (y a mi erótica)?

Por supuesto que la medicación puede afectar, y en muchos casos afecta, pero la idea más importante que queremos transmitir en estas líneas es que aunque notemos que nuestra respuesta sexual cambia o que el proceso de una enfermedad o la ingesta de ciertos medicamentos está afectando a nuestra erótica, tenemos que saber que todos y todas en cualquier momento estamos preparados para el placer y para poder disfrutar de nuestra sexualidad solos o en pareja. Entender que nuestra sexualidad, por unos motivos u otros, irá cambiando con el tiempo y que esos cambios no siempre tienen por qué ser negativos nos ayudará a buscar soluciones y a disfrutar de nuestro cuerpo. 

Si llegamos a aceptar, como paciente y como pareja, que la medicación que estamos tomando puede afectar, por ejemplo, a no tener erecciones como antes (no llegar al mismo punto de erección, perder la erección de vez en cuando o no conseguirla cuando quisiera) podremos hacerle frente a la nueva situación y aprender a disfrutar de otras zonas de mi cuerpo y el de mi pareja sin tener la penetración como fin último. Además, es importante saber que existen especialistas de la medicina, la psicología y la sexología que pueden ayudarnos a gestionar esta nueva situación y en muchas ocasiones, poder volver a recuperar la erótica que tanto echamos de menos.






Bibliografía Recomendada 


Sáez, S., y Frago, S. (2016). Todo un placer. La respuesta Sexual Humana. [Mensaje en un blog]. Recuperado de https://www.amaltea.org/wp-content/uploads/2016/02/larespuestasexual.pdf

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